
Ana Vovk and Tina Ritlop
La escuela del futuro: de la transmisión de conocimientos a la construcción de un modo de vida sostenible
El mundo está entrando en un periodo de cambios rápidos e interconectados que está transformando profundamente la manera en que las personas viven, trabajan, aprenden y se relacionan entre sí. La digitalización, el desarrollo de la inteligencia artificial, la automatización, el cambio climático, las transformaciones demográficas, la creciente interconexión global, el volumen cada vez mayor de información y el aumento de los problemas relacionados con la salud mental exigen una perspectiva diferente sobre el papel de la educación y la formación (OCDE, 2020; UNESCO, 2020).
Como consecuencia, las escuelas se están convirtiendo en entornos que van más allá de la transmisión sistemática de conocimientos y que funcionan, en cambio, como espacios donde las personas desarrollan las capacidades necesarias para vivir de manera responsable y significativa en una sociedad compleja.

Image: @lookstudio on magnific.com
El desarrollo de las tecnologías digitales ha incrementado significativamente el acceso a la información, al tiempo que plantea nuevos desafíos para las personas. La evaluación crítica de la información, el uso responsable de las tecnologías digitales, la comprensión de la inteligencia artificial y la capacidad para tomar decisiones reflexivas se están convirtiendo en competencias esenciales de la era moderna (OCDE, 2020). Al mismo tiempo, las investigaciones indican que la conectividad digital por sí sola no fortalece la conexión social; también puede contribuir a un aumento de la soledad, a una menor calidad de las relaciones interpersonales y a un deterioro de la salud mental entre niños y adolescentes (UNESCO, 2024).
Además de los cambios tecnológicos, la sociedad contemporánea se caracteriza por el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, el aumento del consumo de recursos naturales, las desigualdades sociales, los cambios demográficos y la evolución de los estilos de vida. Estos desafíos no son únicamente cuestiones ambientales o económicas; también tienen importantes repercusiones sobre la salud humana, la calidad de vida, la seguridad alimentaria, la cohesión social y la resiliencia de las comunidades a largo plazo. Existe un reconocimiento cada vez mayor de que los sistemas ambientales, sociales y sanitarios están estrechamente interconectados y, por tanto, los desafíos contemporáneos no pueden abordarse de manera aislada, sino que deben afrontarse desde un enfoque holístico (Whitmee et al., 2015; UNESCO, 2020; Plut, 2008).
Los conceptos de One Health (Una Salud) y Planetary Health (Salud Planetaria) subrayan que el bienestar humano a largo plazo está inseparablemente vinculado a la preservación de ecosistemas saludables, la biodiversidad y la gestión responsable de los recursos naturales (Whitmee et al., 2015). En consecuencia, un número creciente de organizaciones internacionales destaca la necesidad de desarrollar competencias que permitan a las personas comprender la complejidad del mundo moderno, pensar de manera sistémica, tomar decisiones responsables y participar activamente en la construcción de una sociedad sostenible (UNESCO, 2020; Bianchi et al., 2022; Rieckmann, 2018; Wiek et al., 2011).

